Diferentes estudios han demostrado que mientras más frecuentemente los niños y adolescentes coman en familia , disminuye el riesgo de padecer obesidad y son mejores sus hábitos de alimentación.

Lastimosamente, parece que cada vez es menor la frecuencia con que las familias comen juntas. En un estudio en 1995, se vio una disminución de 5% en los niños que comían la cena junto con su familia en comparación con otro estudio realizado en 1991.
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Si a los cuarenta años tu “pancita” ya se convirtió en una verdadera PANZA, presta atención: tu riesgo de sufrir demencia más adelante… aumenta. Un nuevo estudio determinó que cuanto más grande sea la pancita, más alto es el riesgo.

El estudio fue realizado por científicos norteamericanos, Rachel A. Whitmer responsable del mismo declaró: “la gente no sólo debe preocuparse por su peso, sino también por dónde lo están cargando (…) a los cuarenta no es muy temprano para empezar a pensar en eso”.
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Te damos algunos consejos para que transformes tu comida rápida en comida saludable. Sin embargo, procura limitar su consumo a 1-2 veces por semana.

Algo muy fácil de hacer para aumentar el contenido de fibra de tu comida es sustituir el pan blanco por integral o iniciar tu comida con una ensalada pequeña con aderezo bajo en grasa y calorías.
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La respuesta es simple: para rebajar, tienes que tomar la decisión de hacerlo, lo cual requiere trabajo y determinación.

Aunque ésta puede parecer una afirmación simplista, encierra una de las mayores verdades sobre el control del peso.
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El ácido eicosapentanoico EPA (con una cadena larga de 20 átomos de carbono) y el ácido docosaexanoico DHA (con 22 átomos de carbono), constituyen los acidos grasos mas importantes de un alimento básico para los seres humanos, el pescado.

Estos reciben el nombre de ácidos grasos Omega-3, y se diferencian así de los ácidos poliinsaturados presentes en los vegetales. Las diferencias entre ambos sin ser demasiado importantes residen en que los vegetales contienen dos enlaces dobles, mientras que los de pescado poseen seis.
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¿Qué consumes durante el desayuno? Sabes, supongo, que esta es la comida más importante del día, y que salteártela o desayunar mal o a medias probablemente te hagan pasar un día con insuficiencia nutricional, y hasta el almuerzo de seguro que no pasarás una mañana agradable.

Es que los nutrientes que el desayuno aporta son justamente los que el cuerpo necesita tras haber descansado unas ocho horas. Y ni que hablar de la leche u otros productos lácteos.
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Cuando nuestro cuerpo desbalancea su ingesta y la incorporación de nutrientes al metabolismo natural, de inmediato éste nos los hace saber. Los síntomas de la malnutrición son fácilmente visibles, y tanto en nuestro estado anímico como en nuestra apariencia física es simple darse cuenta de que estamos comiendo mal.

El problema es que algunas veces el individuo cree que está comiendo bien, y sin embargo aparecen este tipo de problemas que le indican lo contrario. Por lo tanto ¿cuáles son los responsables de la malnutrición?
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Constantemente, escuchamos que debemos tener una dieta balanceada que incluya todos los grupos de alimentos. Pero, ¿cómo logramos esto? Lo que necesitas es poner en marcha tu imaginación.

Primero, conoce cuáles son los 6 grupos de alimentos:
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Si bien las dietas son la solución de todos los problemas de sobrepeso y obesidad, hay que decir que durante el proceso de adelgazamiento quienes llevan una dieta no se hacen muy amigos de ella, que digamos.

Comidas estrictas, controles a toda hora, privación de verdaderas delicias… Estos y otros condicionamientos más que las dietas imponen a veces dan ganas de arrojar la dieta a la basura y comerse todo lo que hay frente a uno. ¿Pero que tal si hubiera un mecanismo para adelgazar que no involucre dietas; una manera de comer lo que se desea pero a la vez perder kilos?
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Si nos dan a escoger entre una sabrosa ensalada o una deliciosa chuleta frita, lo más seguro es que elegiremos la chuleta frita, sobre todo si está acompañada por más frituras, sin importarnos las consecuencias del exceso de grasa.

Aunque el olor, color y sabor de los alimentos fritos nos estimulan mucho el apetito, no nos estamos dando cuenta que nuestra dieta latina está compuesta muchas veces por alimentos ricos en grasa y al freírlos le añadimos más grasa.
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